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De Diario de Paris

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Antes que aparezca Helena, Octavio se pregunta o bien, se dice: Como perforando ciegamente el caos, donde a veces la materia es visible y se colorea sin palabras posibles, así tiembla mi mano. Y con todo este silencio brutal, a veces iniciático, debo contestar a respuestas antes que a preguntas. Un mundo sin solución en la solitaria lámpara de la paciencia. Así es una ciudad a veces. Y otras te escondes en los pequeños núcleos de objetos, valga nombrar el sol, los corchos y de vez en cuando sin temblores como los del pensamiento, en canicas. Vagamente la fantasma que reúne todas las características familiares, se pasea por esta sala dejando un aroma tan sencillo como la caída de una hoja en un estanque triste. Yo qué sé de haikus, de esa memoria infinita de las cosas, la que se renueva, se tuerce en el aire y abre una sensación cálida en el ojo de la tormenta cotidiana. Las palabras no han sólido estar hechas, sino deshechas, y por asistir a su derrumbe inconcluible es que a veces me s...

De Diario de Paris

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Poema de pájaro como ese, condena a la poesía. Nadie me puede pedir que sea respetuoso, o que me comporte como para salvarme. No haré de manera que el tiempo se congele, ni por una mujer, ni por un hombre, ni por el que cree de verdad, que tras la mesa, un dios traga sus propios intestinos. Poema de bestia que condena al agua con su vívida suciedad. Ya no sé distinguir el paso del tiempo del de un café que se enfría en la barra. Mis recuerdos son parte de una corta prisión en la Luna, son un reflejo delgado y húmedo. Si esto es entretenerse con los sonidos de las palabras, con la misión de destruirte, ¿por qué duele tanto la narración insostenible de tu silencio? No haré de manera que la noche se te acerque, pues he aprendido a odiarte y por eso hay que dejarte vivo. Cambio de ojos ¿No? La carta que lacta en la sombra, esperándote. El mueble en el que la última vez me bebiste, encendido, azul, en mi biblioteca. La fotografía que simula la transparencia del Atlántico… Hay un arco que no...